Acabo de ver el trailer de la nueva versión de Cenicienta, en persona, para las nuevas generaciones. Con efectos especiales y un realmente hermoso vestido azul, la nueva versión promete mucho y como todos ya conocemos la historia, seguramente va a cumplir porque, seamos sinceros, ¿o debería decir sinceras? Esperamos ver una vez más ese momento mágico en que el Príncipe reconoce a Cenicienta y todas sus frustraciones son recompensadas.
¿Por qué digo todAs? Porque creo que esta película es más para niñas y mujeres que para hombres. Podemos decir que Cenicienta es el cuento que se ha encargado de hacer que perviva la tradición de mujer casta y pura, de sumisión con la promesa de una recompensa. Cenicienta se ha encargado de transmitir de generación en generación la idea de que si eres buena te va a ir bien en la vida (muy bien) y de que un buen vestido, un buen peinado y un mágico par de zapatos son todo lo que necesitas para ser feliz. Y bueno, los ratones nunca están de más. Esa ha sido la lectura feminista recalcitrante. Como yo lo veo, y eso que soy una feminista recalcitrante, es como un ejemplo de karma is a bitch.
Hace muchos años mi hija era pequeña y algo pasó que me frustré por no poder ir a una fiesta, no poder estrenar ropa, algo así. Y me enojé y lloré amargamente (no sueno mucho a feminista, ¿verdad?) y le dije con lágrimas ardientes, -No creas en los cuentos de hadas. No existen las hadas madrinas que te resuelvan tus problemas. Si quieres algo tienes que trabajar.
Y es cierto.
Entonces me enojé con los cuentos de hadas y los odié. Luego, mucho tiempo después, leí a Clarissa Pinkola Estés y me reconcilió con los cuentos cuando me reveló los secretos que hay detrás de ellos. Son los verdaderos cuentos, y no las versiones suavizadas de Disney los que nos brindan lecciones de vida. Pero, como todo en la vida escolar, hay alumnos buenos y hay alumnos que no ponen atención. No se trata de aguantarse porque sí, no se trata de creer en la moda como un escape a la felicidad, ni siquiera de que el fin de toda historia sea casarse con el Príncipe (aunque si te vas a casar siempre elige la mejor opción). Se trata de esperar tu oportunidad de mejorar, cuando esa oportunidad llegue hay que hacer hasta lo imposible para tomarla, así sea convertir una calabaza en carruaje. Siempre hay gente dispuesta a ayudar, que hasta en los momentos más oscuros y tenebrosos aparecen de la nada o siempre han estado ahí y no les habíamos dado importancia (ratones) y nos enseñan a aprovechar lo mejor de nosotros mismos y sí, nos dan, ya sea cosas o apoyo emocional, o un oído y tiempo para escuchar, un hombro donde llorar y hasta un Tempranillo o Pinot Noir para celebrar. Siempre hay alguien que cree que somos lo máximo, a veces con mayor intensidad que nosotras mismas. Y sí, existe el karma. Una no tiene que hacer las cosas, la gente recibe lo que merece. No es inmediato, no cuando queremos, pero cuando nos enteramos, no lo podemos creer.
Habrá muchos bailes a los que no podremos asistir, pero habrá más a los que seamos invitadas especiales. Habrá tiempos muy difíciles, pero solo son para hacernos fuertes y para aprender. Y sí, también habrá lindos vestidos y lo mejor de todo, ¡zapatos hermosos! ¿Príncipes? Neh, estudien, trabajen, sean felices. Los Príncipes no existen.
According to the Renaissance world picture, life was like a wheel of fortune, where you are sometimes up and sometimes down. You just have to remember that when you are up you will eventually come down (to take measures accordinlgy, not to be pessimistic) and when you are down you will not stay there forever, you WILL get on top. In this site entries of the sort will be posted.
Wednesday, 19 November 2014
Tuesday, 11 November 2014
TUS BRAZOS
Tengo frío y me gusta cómo me das calor.
Quiero hacerme un chal con tus brazos siempre cálidos y suaves.
Quiero cargarlos y sacarlos cuando más frío tengo.
¿Cuándo te volveré a sentir?
Quiero hacerme un chal con tus brazos siempre cálidos y suaves.
Quiero cargarlos y sacarlos cuando más frío tengo.
¿Cuándo te volveré a sentir?
Monday, 10 November 2014
DE LA PASIÓN EN LAS CARTAS A LOS EMOTICONOS.
Llegué y te envié un beso.
Dicen que una imagen vale mil palabras. O más. No creo.
Te mando un beso. Solo uno. De esos que están en las muchas imágenes del celular. Me tardé en enviártelo. Se me hacía muy atrevido. Tú me has enviado miles de esos. Bueno, muchos, más de uno.
Pero cuando envío uno, quiero enviar uno largo, intenso, prolongado, cálido y húmedo, de esos que se quedan colgando y al final no saben si mejor se quedan otro rato.
No sé qué ves tú.
De inmediato me envías unos cinco mínimo, gallinas, ranas y flores. Para ti es más la broma, pero también la respuesta. Eres veloz. Estás ahí y me contestas.
Y acabo de leer las cartas que Frida le mandaba a Diego. En hojas de papel, escritas con pluma fuente, con tinta que cambia de color porque se acababa el cartucho. (Alguna vez también así escribí yo, no porque así se acostumbrara, sino porque me da por ser anacrónica.)
Y lo que Frida se atrevía a escribir sin emoticonos previamente diseñados por alguien que quiere ahorrarle tiempo a los escribientes y comunicadores acelerados de hoy en día requería más valor que el que yo tuve que juntar para presionar y enviar una boquita roja y semi-abierta con la que quiero decirte lo mucho que extraño tu lengua arquearse dentro de mi boca.
Y me da envidia la naturalidad con la que Frida le escribe sin tapujos y con las metáforas más lindas y explosivas lo que Diego la hace sentir cada noche en cada encuentro. Yo quisiera volver a tener el valor de ser así de intensa. Quisiera decirte lo que cada noche me haces sentir, aunque no cada noche me toques tú directamente.
Pero no pinto, no estoy rota. Estoy entera, medio ciega, escribo en teclados, en celulares.
Y tú no eres Diego, no pintas. Diseñas con tu máquina, juegas con la intensidad de los colores en Photo Shop y en In Design.
Ya los amantes no creen en el amor ni en la pasión.
Dicen que una imagen vale mil palabras. O más. No creo.
Te mando un beso. Solo uno. De esos que están en las muchas imágenes del celular. Me tardé en enviártelo. Se me hacía muy atrevido. Tú me has enviado miles de esos. Bueno, muchos, más de uno.
Pero cuando envío uno, quiero enviar uno largo, intenso, prolongado, cálido y húmedo, de esos que se quedan colgando y al final no saben si mejor se quedan otro rato.
No sé qué ves tú.
De inmediato me envías unos cinco mínimo, gallinas, ranas y flores. Para ti es más la broma, pero también la respuesta. Eres veloz. Estás ahí y me contestas.
Y acabo de leer las cartas que Frida le mandaba a Diego. En hojas de papel, escritas con pluma fuente, con tinta que cambia de color porque se acababa el cartucho. (Alguna vez también así escribí yo, no porque así se acostumbrara, sino porque me da por ser anacrónica.)
Y lo que Frida se atrevía a escribir sin emoticonos previamente diseñados por alguien que quiere ahorrarle tiempo a los escribientes y comunicadores acelerados de hoy en día requería más valor que el que yo tuve que juntar para presionar y enviar una boquita roja y semi-abierta con la que quiero decirte lo mucho que extraño tu lengua arquearse dentro de mi boca.
Y me da envidia la naturalidad con la que Frida le escribe sin tapujos y con las metáforas más lindas y explosivas lo que Diego la hace sentir cada noche en cada encuentro. Yo quisiera volver a tener el valor de ser así de intensa. Quisiera decirte lo que cada noche me haces sentir, aunque no cada noche me toques tú directamente.
Pero no pinto, no estoy rota. Estoy entera, medio ciega, escribo en teclados, en celulares.
Y tú no eres Diego, no pintas. Diseñas con tu máquina, juegas con la intensidad de los colores en Photo Shop y en In Design.
Ya los amantes no creen en el amor ni en la pasión.
Wednesday, 8 October 2014
MY GIFT TO YOU
Y lo único que te puedo regalar son buenos recuerdos
y esperar que nunca te dé Alzheimer...
y esperar que nunca te dé Alzheimer...
Thursday, 2 October 2014
DESPUÉS DE LA LLUVIA
Quedan las gotas solas, separadas, en perlas aferradas a los recuerdos de las que cayeron, de las que salpicaron, de las que humedecieron.
Queda todo quieto: nada se mueve, los árboles quedan de pie como testigos mudos y silenciosos del agitar del agua que apenas hace unos minutos todavía caía.
Quedan los poco autos moviéndose despacio, pero con fluidez, con espacio entre ellos, los tres minutos suficientes para frenar por si acaso...
Quedan los novios besándose en la esquina: los adolescentes con pants verdes y camiseta blanca de la ULA, los oficinistas con ropa semi-casual y sendos paraguas, los viejos retirados arrugados con cabellos blancos que se reconocen en los mismos ojos.
Queda la nostalgia...
Queda todo quieto: nada se mueve, los árboles quedan de pie como testigos mudos y silenciosos del agitar del agua que apenas hace unos minutos todavía caía.
Quedan los poco autos moviéndose despacio, pero con fluidez, con espacio entre ellos, los tres minutos suficientes para frenar por si acaso...
Quedan los novios besándose en la esquina: los adolescentes con pants verdes y camiseta blanca de la ULA, los oficinistas con ropa semi-casual y sendos paraguas, los viejos retirados arrugados con cabellos blancos que se reconocen en los mismos ojos.
Queda la nostalgia...
VER LLOVER 2
Cuando la lluvia intensea, las gotas de lluvia juegan a carreritas por la superficie de la ventana a ver cuál cae primero al precipicio.
Cuando la lluvia intensea, las líneas de agua acribillan a las personas que se atreven a caminar sin paraguas.
Cuando la lluvia intensea, mejor me meto debajo del techo del edifico de la calle 3 mientras llegas, aunque llevo paraguas y botas y gabardina.
Cuando la lluvia intensea a las 6.00 de la mañana no hay un alma en la calle que nos vea hacer el amor tras los vidrios empañados de tu pequeño auto blanco.
Cuando la lluvia intensea, te recuerdo, callo y sonrío con malicia de cómplice.
Cuando la lluvia intensea, las líneas de agua acribillan a las personas que se atreven a caminar sin paraguas.
Cuando la lluvia intensea, mejor me meto debajo del techo del edifico de la calle 3 mientras llegas, aunque llevo paraguas y botas y gabardina.
Cuando la lluvia intensea a las 6.00 de la mañana no hay un alma en la calle que nos vea hacer el amor tras los vidrios empañados de tu pequeño auto blanco.
Cuando la lluvia intensea, te recuerdo, callo y sonrío con malicia de cómplice.
VER LLOVER...
No veo cómo llueve,
apenas las gotas aplastándose contra el vidrio de la ventana. No caen, no resbalan, parece que se adhieren y curiosean el modo en que mis dedos golpean las teclas en el teclado mientras escribo estas líneas.
No veo cómo llueve,
escucho el suave rumor del agua que cae en líneas sobre el negro asfalto, que baña los árboles que se sacuden, los autos que pasan todavía rápidos, antes de que el tránsito se alente más adelante.
No veo cómo llueve,
veo cómo los autos pasan por los charcos y avientan el agua en grandes abanicos y fuentes que empapan al pobre transeúnte despistado.
No veo cómo llueve,
veo cómo el agua cae de los árboles en cubetas súbitas cuando éstos se mecen de repente, como si el viento quisiera ayudarles a secarse.
Pero de repente sí veo cómo llueve, como si un niño rayara con pinceles de agua las ventanas enormes y rectas de mi oficina. Pero tengo que espiar muy callada y casi sin moverme, porque me distraigo fácilmente.
Y no, no me mojo aquí dentro.
apenas las gotas aplastándose contra el vidrio de la ventana. No caen, no resbalan, parece que se adhieren y curiosean el modo en que mis dedos golpean las teclas en el teclado mientras escribo estas líneas.
No veo cómo llueve,
escucho el suave rumor del agua que cae en líneas sobre el negro asfalto, que baña los árboles que se sacuden, los autos que pasan todavía rápidos, antes de que el tránsito se alente más adelante.
No veo cómo llueve,
veo cómo los autos pasan por los charcos y avientan el agua en grandes abanicos y fuentes que empapan al pobre transeúnte despistado.
No veo cómo llueve,
veo cómo el agua cae de los árboles en cubetas súbitas cuando éstos se mecen de repente, como si el viento quisiera ayudarles a secarse.
Pero de repente sí veo cómo llueve, como si un niño rayara con pinceles de agua las ventanas enormes y rectas de mi oficina. Pero tengo que espiar muy callada y casi sin moverme, porque me distraigo fácilmente.
Y no, no me mojo aquí dentro.
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